Por estos días no hay discusión respecto a que Lionel Messi es el mejor futbolista de la última década. Sin embargo, la línea de análisis se ha desviado a tal nivel de considerarlo el mejor de la historia cuando apenas tiene 28 años. Una afirmación cuestionable y arriesgada desde varias perspectivas.
Hay criterios que se podrían objetivar a través de las estadísticas, aunque los números y el fútbol no siempre van de la mano. Los tres mundiales de Pelé ya dejan en desmedro a un futbolista que no ha obtenido ninguno. El brasileño marcó 757 goles oficiales contra los poco más de 450 que suma el trasandino. Allí muchas veces aparece el prejuicio de que “O Rei” no jugó en Europa, lo cual supone desconocimiento porque la diferencia de jerarquía entre las ligas sudamericanas y las del viejo continente en los ’60 y ’70 prácticamente no existía. De todas formas, para evitar cualquier polémica, tomemos como parámetro a Romario. Anotó más de 700 tantos con importantes pasos por PVS Eindhoven, Barcelona y Valencia. Además, tiene un título planetario en 1994.
Si la comparación la estableciéramos por coronas de Champions League el rosarino tiene cuatro copas. El madridista Francisco Gento acumula seis y Alfredo Di Stéfano cinco. Incluso para un “cara a cara” más directo con jugadores contemporáneos está el caso de Paolo Maldini, 5 veces ganador de la Liga de Campeones con el Milan.
Pero más allá de las cifras hay situaciones externas que marcan cuándo un deportista se convierte en leyenda. Rocky Marciano se retiró invicto de la división de los peso pesados del boxeo mundial, algo que no pudo hacer Muhammad Ali. Fue un extraordinario pugilista, pero su fama creció y se desarrolló sólo dentro del ring. El que paralizó al mundo renunciando a ser enrolado en la Guerra de Vietnam, el que desafió al poder, el que tomó la bandera de lucha de la sociedad negra oprimida en Estados Unidos fue Cassius Clay. El más grande sin duda.
Kareem Abdul Jabbar superó los 38 mil puntos en la NBA, seis mil más que Michael Jordan. Una estadística que de todas formas no alcanza para nublar la imagen de “Air”, que desafiando a la ley de la gravedad con saltos espectaculares fue capaz de llevar a un equipo sin historia como los Chicago Bulls hasta la cima del básquetbol.
Y qué decir de Maradona. Tal vez el destino se puso a su favor, pero tener la opción de ganar un mundial dejando en el camino con un gol épico a la misma nación que antes derrotó a tu país en una sangrienta guerra es algo casi imposible… salvo para el Diego, obvio.
Que Messi es un gran jugador nadie lo niega. Que puede convertirse en el mejor no hay duda. Pero paciencia, falta mucho aún. Más respeto por la historia.
