Eduardo Galeano, el fútbol a sol y sombra

Eduardo Galeano, el fútbol a sol y sombra

Periodista de profesión, escritor por naturaleza e hincha del Club Nacional de Football por pasión.

Eduardo Galeano nos deja a los 74 años, pero su legado no podrá pasar desapercibido jamás para los futboleros. “Un mendigo del buen fútbol” como se autodenominaba, dedicó su vida a disfrutar de lo que semana a semana es nuestra pasión, pero también a contrastar las diferentes realidades que se presentan en esta actividad que ha cambiado demasiado a lo largo de los años.

A continuación, algunas de sus frases destacadas y el libro “El fútbol a sol y sombra”.

“La única religión que no tiene ateos, exhibe a sus divinidades”.

“Jugar sin hinchada es como bailar sin música”.

“El gol es el orgasmo del fútbol”.

“Antes los zagueros se pegaban a los delanteros como sellos y se desprendían de la pelota como si les quemara los pies, pateándola cuanto antes al cielo”.

“El árbitro es el abominable tirano que ejerce su dictadura sin oposición posible y el ampuloso verdugo que ejecuta su poder absoluto con gestos de ópera”.

“La historia del fútbol en el siglo XX es un tránsito entre 2-3-5 hacia 5-4-1.”

“Cuando el fútbol dejó de ser un juego y el fútbol profesional necesitó una tecnocracia del orden, nació el director técnico en reemplazo del entrenador”.

“El DT cree que el fútbol es una ciencia y la cancha un laboratorio, (…) no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad de milagros de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi”.

“En el fútbol, ritual sublimación de la guerra, once hombres de pantalón corto son la espada del barrio, la ciudad o la nación”.

“El fútbol se parece a Dios en la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales”.

“El niño pobre, en general negro o mulato, encuentra en el fútbol la posibilidad de ascenso social, que no tiene otro juguete que la pelota: la pelota es la única varita mágica en la que puede creer. Quizás ella le dé de comer, quizá lo convierta en héroe o dios. (…) La miseria lo adiestra para el fútbol o el delito”.

“Hay dictaduras visibles e invisibles. La estructura de poder del fútbol en el mundo es monárquica. Es la monarquía más secreta del mundo: nadie sabe de los secretos de la FIFA, cerrados a siete llaves. Los dirigentes viven en un castillo muy bien resguardado”.

“Los niños no tienen la finalidad de la victoria, quieren apenas divertirse. Por eso, cuando surgen excepciones, como Messi y Neymar, son, entonces ellos para mí unos verdaderos milagros“.

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Un extracto de su libro “El fútbol a sol y sombra”:

“El desprecio de muchos intelectuales conservadores se funda en la certeza de que la idolatría de la pelota es la superstición que el pueblo merece. Poseída por el fútbol, la plebe piensa con los pies, que es lo suyo, y en ese goce subalterno se realiza. El instinto animal se impone a la razón humana, la ignorancia aplasta a la cultura, y así la chusma tiene lo que quiere.

En cambio, muchos intelectuales de izquierda descalifican al fútbol porque castra a las masas y desvía su energía revolucionaria. Pan y circo, circo sin pan: hipnotizados por la pelota, que ejerce una perversa fascinación, los obreros atrofian su conciencia y se dejan llevar como un rebaño por sus enemigos de clase.

Cuando el fútbol dejó de ser cosas de ingleses y de ricos, en el Río de la Plata nacieron los primeros clubes populares, organizados en los talleres de los ferrocarriles y en los astilleros de los puertos. En aquel entonces, algunos dirigentes anarquistas y socialistas denunciaron esta maquinación de la burguesía destinada a evitar las huelgas y enmascarar las contradicciones sociales. La difusión del fútbol en el mundo era el resultado de una maniobra imperialista para mantener en la edad infantil a los pueblos oprimidos.

Sin embargo, el club Argentinos Juniors nació llamándose Mártires de Chicago, en homenaje a los obreros anarquistas ahorcados un primero de mayo, y fue un primero de mayo el día elegido para dar nacimiento al club Chacarita, bautizado en una biblioteca anarquista de Buenos Aires. En aquellos primeros años del siglo, no faltaron intelectuales de izquierda que celebraron al fútbol en lugar de repudiarlo como anestesia de la conciencia. Entre ellos, el marxista italiano Antonio Gramsci, que elogió ‘este reino de la lealtad humana ejercida al aire libre'”.

“El Fútbol a Sol y Sombra”, por Eduardo Galeano

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