Una de las primeras conclusiones a las que podemos llegar es que “las camas” sí existen. Hasta ahora teníamos varios ejemplos en que todo indicaba que era lo que había ocurrido (Colo Colo de Nelsinho y Espina, Unión Española de Garcés, Cobreloa de Benítez, la UC de Wim Rijsbergen, entre otros casos célebres), hoy insulta a la inteligencia quien desconoce esta oscura realidad.
Vinculado con lo anterior también tenemos que la clásica frase “lo más sano del fútbol son los jugadores”, es de terror, porque si los jugadores son capaces de hacer lo que hemos visto, no me quiero imaginar de qué son capaces los elementos menos sanos de este ambiente (dirigentes, DT y empresarios).
Lo cierto es que ser profesional no es sólo percibir un sueldo y firmar contrato, es comportarse como tal y dar gracias de que se puede hacer lo que más nos gusta. Nuestros futbolistas no están preparados para un desafío mayor que el de un campeonato local y ahora vemos con claridad porque a nivel de clubes se fracasa en el ámbito internacional. Es lamentable que un jugador no tenga un mínimo de ambición profesional y que sólo sea capaz de rendir cuando un jefe es serio e implacable, sabiendo que no le conviene irse en contra de él (Bielsa o Markarian).
Muchas veces he tenido una voz crítica en contra del empresariado que está a cargo de los clubes de fútbol, por razones que expuse en su oportunidad y que no van en el sentido de criticar que los equipos sean empresas, sino de la clase de respuestas que dan quienes administran nuestro fútbol. Este es un ejemplo más de la mediocridad del empresariado chileno. Generalmente no ven más allá del hecho de tener una pérdida o una ganancia inmediata y no piensan en qué es lo mejor a largo plazo. Así tenemos a las salmoneras que realizaron una explotación irracional de un recurso natural en vistas de un provecho inmediato, sin ver que lo que iba a resultar era la ruina de la industria. En este caso pasa algo similar, la depreciación inmediata de un par de jugadores y la pérdida de unos cuantos pesos (cuando Colo Colo ha vendido más de 30 millones de dólares en el último tiempo), pesó más que el apoyo hacia las decisiones del técnico y la imposición del orden, tolerando un margen de pérdidas por un bien mayor. Lo mismo pasó al no querer invertir en un técnico calado. Ahora que la indisciplina ha ganado ¿Quién garantiza que los jugadores díscolos remarán para el mismo lado y comiencen a ganar y a revalorizarse? ¿Lo del clásico será algo aislado? ¿Quién garantiza que las malas prácticas contra un DT no se repitan esta vez contra la dirigencia cuando exista alguna medida que no le guste al plantel? La visión miope de nuestro empresariado se replica en el fútbol, lo cual por otra parte no es ninguna sorpresa, ya que son los mismos que operan en otras áreas de la economía quienes también manejan el fútbol.
Administrar una empresa moderna no es sólo tener junta de accionistas, cotizar en bolsa, pagar gerentes y presentar balances. Es proyectar estrategias y no sólo planes, pensar en el impacto general de las decisiones y en cómo sus efectos se verán reflejados en el futuro.
A mi gusto Colo Colo como ente empresarial ha avanzado mucho, tiene rasgos positivos de planificación como la Casa Alba o la remodelación del Monumental. Sin embargo, mucho de su capital se sostiene en la gestión del equipo de fútbol y en esta parte la mirada ha sido de un cortoplacismo que asusta y de un amateurismo que inquieta. La falta de política deportiva en la gestión del plantel se refleja en el hecho de que Gualberto Jara será el cuarto técnico que se sentará en la banca alba en menos de un año.
Quizá nombrar a Barticciotto haya sido un error y su manejo parece abonar esa tesis, pero la culpa es de B&N y los errores de la S.A. ya van siendo una constante a este respecto. Los triunfos locales han tapado esta realidad, pero hay que contextualizarlos. ¿Acaso había otro equipo con la planilla de Colo Colo que le compitiera de verdad? ¿No fue el ámbito internacional, donde sí había auténtica competencia, una fuente de continuos fracasos? (salvo la Copa Sudamericana que está muy lejos a nivel competitivo de la Libertadores).
La no toma de las decisiones correctas en lo que al primer equipo respecta, por el mero hecho de que resulta caro ahora “colgar” a una “estrella” (seamos sinceros en Chile no hay nadie que merezca ese rótulo, a lo más podemos hablar de buenos o muy buenos jugadores), es un error que puede y de hecho cuesta mucho más caro.
Finalmente quiero referirme a un par de actores secundarios de esta novela: la barra y el periodismo. Es curioso que la barra haya tenido datos precisos acerca de la crisis interna y haya actuado de la manera que todos conocemos. La fuente de este conocimiento es, o jugadores, el técnico o bien dirigentes. Creo peligroso que la Garra Blanca vuelva a ser un actor más del club, realizando presiones en uno u otro sentido, sobre todo si consideramos que su amor a la verdad es bastante volátil. Recordemos que estos sujetos viven de eso, por lo que hoy puede que hayan remado por el técnico, pero ¿Y si los dirigentes pagaran no podrían ir en la dirección contraria? A mi juicio, lo mejor es que la barra (no los hinchas) no juegue papel alguno en las decisiones del club. No son fiables, no se saben de dónde salen, ni quien los financia. Como tantas veces he dicho, la barras como estructuras deben desaparecer.
En cuanto al periodismo, las “entrevistas” a los jugadores y a Ruiz Tagle han sido de una obsecuencia que dan ganas de vomitar. Ha sido tan evidente la necesidad de no enemistarse con las “figuras” que en realidad da para pensar que Solabarrieta, varios de los periodistas de Cooperativa y Chanampa entre otros, sólo piensan en la futura cuña que no podrán obtener. Para destacar la actitud de Juan Cristóbal Guarello y Matias del Río. Los demás, bueno, por algo esta página es tan leída.
