En la primera entrega de esta serie revisamos la historia de Sebastian Taborda, quien luego de ser ninguneado en la Universidad Católica vio la luz (?) en el Deportivo La Coruña de la Primera División Española.
El muchacho que nos convoca el día de hoy nació en la cantera de Boca Juniors, club donde debutó el año 2003, jugando 16 partidos (1 gol) hasta el año 2004, cuando una grave lesión en una de sus rodillas lo dejó fuera del primer equipo y fue transferido al Quilmes para el Clausura 2004, en donde enfrentaría a la Universidad de Chile por la primera fase de la Copa Libertadores 2005.
Pero la parte que nos interesa comienza cuando este volante firma en Colo Colo, en el segundo semestre del año 2006, como el reemplazante del recién emigrado Jorge Valdivia. Con la gran responsabilidad de reemplazar al “Mago” y con el historial de refuerzos extranjeros que resultaban ser verdaderos muertos que caracterizó la era Borghi, las expectativas y la presión que habían sobre este muchacho eran bastante altas y como esta sección se trata de revisar a aquellos que dieron bote en Chile y para luego revivir, evidentemente nuestro amigo dio jugo en los pastos chilenos.
Pasó más tiempo recuperándose de las constantes lesiones que aquejaban sus rodillas que en la cancha, jugando solo 8 partidos y convirtiéndose en un verdadero comodín para Borghi, quien ante la seguidilla de partidos que acarreaba la participación de Colo Colo en la Copa Sudamericana y el Torneo Nacional, lo ponía como alternativa en casi todos los puestos del medio campo pese a que no rendía en ninguno.
Luego de su magro paso por el cacique, el cual terminó a finales del 2006 pese a que le quedaban 6 meses de contrato (y que de pasada hizo que Colo Colo perdiera la plata que había invertido en el 50% de su pase, la no despreciable suma de 190 mil dólares), nuestro amigo recaló en el Godoy Cruz de Argentina, donde la fatalidad lo atacó nuevamente en la forma de rotura del menisco externo.
Cualquiera pensaría que luego de tal seguidilla de fatalidades y rendimientos mediocres la carrera de un futbolista estaría en descenso, pero por esas cosas maravillosas de la vida, a nuestro amiguito le ofrecieron irse a jugar a Colombia, al modesto Boyacá Chicó, y de ahí en adelante todo fue miel sobre hojuelas (?).
Resulta que apenas llegó al Boyacá comenzó a exhibir un nivel futbolístico nunca antes visto en su carrera y la seguidilla de lesiones articulares pasaron a la historia, lo cual resulta casi milagroso pensando que luego de su última lesión estuvo 8 meses parado, llegando a consagrarse campeón (en lo que constituyó la primera vez en la historia del Chicó), de la Copa Mustang (así se llama el campeonato colombiano, igual que el “Mega/Feeling” del pueblo) Apertura 2008 y figurando como goleador de esta con 13 tantos.
Luego de esta consagración, nuestro amigo se convirtió en uno de los jugadores más cotizados del torneo colombiano, lo que incluyó variados rumores sobre un posible cambio de equipo e incluso peticiones via facebook (que incluye un magistral insulto a Francisco Arrue de yapa) de hinchas para que eligiera a su equipo como nuevo destino.
Tal fue el delirio causado por nuestro amigo que llego a que periodistas hicieran notas como esta: “Los diarios colombianos saludan al campeón y a su máximo exponente por igual. Algunos periodistas radiales, incluso, exigen por estas horas a la Federación averiguar si se puede nacionalizar a Caneo, para incluirlo en el seleccionado que disputa las eliminatorias. En el país del café y las liberaciones cinematográficas, se desató la Caneomanía.”
Pero dada la tasación que la directiva del Boyacá puso sobre el pase de nuestro amiguito, 2.5 palos verdes, el sigue siendo jugador del Chicó y tendremos el privilegio y el honor de ver nuevamente en las canchas chilenas al gran Miguel “rodillas de plasticina” Caneo cuando el conjunto “Ajedrezado” (el original apodo del Boyacá en Colombia) se enfrente a la Universidad de Chile en sus encuentros validos por la Copa Libertadores 2009, donde podremos juzgar si es que efectivamente estamos ante un jugador que revivió y se acordó de jugar fútbol o ante el mismo muerto que vimos dar pena en las canchas de nuestro país.
