En Chile estamos lejos de las cotas de violencia de Argentina cuna de las barras en Sudamérica, pero si hay un par de barras que hacen esfuerzos por destruir todo lo bonito del fútbol. Todos saben que hablo de “Los de Abajo” de la U y de “La Garra Blanca”, de Colo Colo.
En estos momentos estamos en una encrucijada histórica en el deporte nacional: como nunca se están construyendo estadios por nuestro país; hace cosa de días se anunció por parte del gobierno una nueva serie de estadios de la llamada “Red de Estadios Bicentenarios”. Sin embargo hoy ya nos vemos en la disyuntiva que de que estos nuevos recintos tiemblan ante la perspectiva de recibir a los “hinchas” de estos dos equipos.
Ahora Audax considera la posibilidad de jugar con Colo Colo en La Florida y para ello se plantea “adaptar” al estadio a la “Garra Blanca”. Esto implicaría la medida de sacar los asientos del codo que ocupe esta barra. Claro, es un despropósito pedirles que vean un partido sentados, que insensato solicitar una estupidez como esa.
En el caso de la U. de Chile tenemos que el cupo de Santa Laura es de 24.000 espectadores, pero la Intendencia lo bajó a 16.000 para el caso de la U por razones de seguridad.
Esta barra no creo que en su núcleo duro pase de los 5.000 y gracias a estas 5.000 personas, se deja a 8.000 hinchas de la U sin posibilidad de ver a su equipo en la Copa después de 4 años. Esa misma barras que con amanazas sacó a un técnico y que tenía una escuelita llena de armas y que ha dejado desastre tras desastre por muchos años.
Estos dos ejemplos nos demuestran claramente que es el escenario el que debe adaptarse a las necesidades de las barras. Tenemos pues, que estos sujetos que no aportan nada condicionan los espectáculos de fútbol en nuestro país. El escenario ni siquiera se adapta a hinchas del fútbol, ya que las barras no son hinchas, son usufructuarios de sus clubes. Las barras no ayudan a sus clubes, viven de ellos. Los dirigentes, incluidos nuestros modernos empresarios, les dan entradas y accesos preferenciales. Se ponen accesos especiales a esta gente que por años ha ahuyentado al verdadero hincha del fútbol del estadio. En el codo norte del monumental está escrito con letras gigantes “Garra Blanca”, como homenaje a un montón de tipos que ha suspendido innumerables partidos e incluso han protagonizado riñas que han dado la vuelta al mundo.
¿Cuándo la U o Colo Colo han pensado en el hincha de a pie para darle alguna franquicia?
Al hincha común y silvestre se le cobra entradas de 6000 o más, mientras los “dirigentes” de las barras manejan talonarios de entradas, que venden ya que la mayoría no necesita de entradas para ingresar.
Las barras no aportan al espectáculo, lo empobrecen. Enseñan que lo importante no es lo que ocurre en el campo, sino fuera de él. Que lo importante es el “aguante” (palabra fea y que no usaré nunca más), que robar una bandera nos hace grandes.
Muchos dirán que el problema de violencia es social. Pero lo que tenemos aquí en la mayoría de los casos no son hechos de violencia espontáneos, sino un par de organizaciones dedicadas a extorsionar, amenazar, destrozar y protegerse entre ellos, todo ello con el beneplácito de quienes administran los clubes.
Me molesta que no se ayude a los hinchas que deben juntar sus lucas para una entrada y si a un montón de tipos de profesión “barristas”.
No acepto y me rebelo al hecho de que los nuevos estadios deben adaptarse a este piño de sujetos; yo soy hincha del fútbol, me gusta ver el juego, disfruto con los goles, odio las barras, porque no son fútbol. Espero que por una vez el Estado, los clubes y nosotros no aceptemos que los estadios se tengan que afear para darle en el gusto a un par de bandas criminales que en nombre de sus colores no dejan ver en paz un simple partido de fútbol.