Rubén Selman, es uno de los árbitros que no se olvidarán fácilmente, es un “personaje” atípico en el fútbol y en el arbitraje en específico. Dueño de una personalidad exclusiva, fuerte dentro y fuera de la cancha, Selman completó 10 años como árbitro con parche de “fifo” en el pecho (desde 1998), por ende, las estrellas de “batallas” a nivel Sudamericano son muchas, las cuales se respetan entre sus pares y desde los jugadores hacia él.
Acostumbrado a estadios llenos y pifias descomunales, no se achicó ante nadie, pero fuera de la cancha mostró mayor sensibilidad. De corto preparó su personaje, el escenario no era fácil, eran miles de espectadores quienes vieron como en ese circo romano, cada fin de semana, se adueñaba del control de la escena. En sus manos estaba el destino de un país en una clasificatoria o la catástrofe para un equipo que no pudo pasar a la final por sus errores referiles.
¿Habrán sido mil partidos?, quizás muchos más. Digamos que este fue el mil uno y aunque a esta altura da lo mismo, fue el último. Para bien o para mal, sin saber, él quisiera seguir arbitrando a este nivel digno de sus capacidades referiles.
Para los hinchas “un saquero”, para sus pares “un maestro”. Nadie es quien para juzgar, aunque después de tantos insultos y abucheos no le regalaremos un “Ford Ecosport 2009”, pero si, un sincero aplauso a uno de los partícipes y testigos de una larga historia en el fútbol chileno y sudamericano.
