
Como curiosa, a lo menos, pueden calificarse las declaraciones de Luis Fuentes al diario El Mercurio en su edición impresa del día de hoy. El experimentado zaguero señaló lo siguiente:
“Hay que ser autocrítico. Con Gustavo (Benítez) nos faltó meter más. Apenas dábamos lo mínimo, no nos entregábamos al máximo. Con Marco (Figueroa) la exigencia cambió, porque desde el primer día nos dijo que el que no corría no jugaba. Nos obligó a cambiar la actitud”.
“Son estilos. Marco es un técnico muy motivador, más exigente en cuanto a pedir las cosas, y eso ha servido”.
Las declaraciones del ex seleccionado pueden leerse de diversas maneras. La interpretación más cercana al tenor literal de los dichos de Fuentes, sería que su anterior DT no motivaba al plantel lo suficiente y que por lo tanto, éste no se entregaba al cien por ciento.
El problema de esa interpretación, es que uno puede entender que un jugador no rinda lo óptimo o que no sea correctamente aprovechado por un técnico, pero me parece inaceptable que no exista entrega completa y que eso sea conciente (como a mi juicio lo da a entender el jugador loíno). Uno puede comprender que diferentes DT motiven más o menos a sus jugadores, pero eso debería ser en un plano psicológico y no voluntario. Ahora bien, si Fuentes dice que no corrían porque no se les exigía y producto de ello perdían partidos, no le veo gran diferencia a eso con “hacerle la cama” a Benítez.
Las declaraciones de Fuentes demuestran, además, la inmadurez y el poco profesionalismo del jugador chileno, al que hay que decirle que corra y se entregue para que lo haga, cuando eso, en mi concepto, debería ser la exigencia básica de un deportista profesional. Que eso además pase en uno de los clubes más importantes del país sólo puede ser calificado de vergonzoso.
Finalmente, el que los jugadores deban ser puteados para que que rindan, da para pensar; es triste considerar que personas adultas deben ser tratados como animales para que den lo que debería ser lo mínimo exigible para profesionales y que no sea posible persuadirlos con argumentos o con la sola consideración de que está en juego el orgullo deportivo no sólo del club, sino que el de ellos mismos.