El brillante cuadro del Francisco "Pacho" Maturana marcó época a fines de los '80 y principios de los '90. El albiverde cafetero fue el ícono de que los imposibles en el fútbol no existen, destruyendo la hegemonía del atlántico que duró 28 años.
El Steaua de Bucarest también tuvo una época dorada coronada con la obtención de la Liga de Campeones a mediados de los 80's. Otro ejemplo de que la grandeza del fútbol no se mide en millones de dólares